Toros sí. Bases fuera.

Los antitaurinos sois la avanzadilla de la evolución natural que olvidó al pelotón; elitistas de la biología, impacientes de la vida, que os habéis propuesto extirpar los restos del animal que fuisteis y que somos. No os falta razón, porque sólo sois eso. Y os la doy cuando embestís bravos a los rezagados, esos a quienes la flemática varita de la selección aún no nos tocó, porque sé que la muerte anunciada en un cartel duele y que no hay truco bueno para las manchas de sangre. Pero olvidáis, racionales, que los reflejos animales no hierven a cien grados ni están en el calendario de vacunas; que dios no nos trajo al mundo sumando sino reptando y que ningún bicho anduvo a dos patas por decreto; que los más primitivos de vuestros iguales -vástagos de quienes protegieron con brutalidad a los más elegantes y refinados para que hoy pudieseis estar- seguimos sufriendo la baja pasión de dominar a la naturaleza y no solo a fin de mes; y que a la sensiblería y al decoro, al igual que a la hipocresía, los malea la cultura con su parsimonia, no un trending topic.

¿De verdad creéis que no nos gustaría disfrutar de vuestro sentido ético y estético, de vuestros posconceptos y de la forma tan única y transversal de metaexpresarlos? ¿Quién puede elegir sino desde la incapacidad ser a quienes queréis torear con picador, según rezan vuestros comerciales más populares? ¿Realmente pensáis que nos enorgullece contar con el indulto de Antonio Burgos en vez del de Noam Chomsky? Sabed, respetados homos sapiens sapiens -sapiens muchas veces, pero bichos- que una plaza de toros es más incómoda que un museo, pero bastante menos que avergonzaros. Sabed que no solo sabemos lo que no somos, sino que además lo padecemos.

No pediré que nos declaréis especie protegida -sabemos que estamos condenados por el tiempo y que el tiempo os sacará a hombros-, pero esperadnos, por favor; aliñad la razón con paciencia; dedicad vuestra altanería biológica y su necesaria ñoñería a barrer otras guerras tan indecentes y sobre todo más largas que una Feria; tocad los clarines cuando toque, con la tranquilidad de saberos triunfadores de una tarde en la que habrá orejas y rabos para todos. El futuro puro es vuestro y el futuro es infinito. Dejad vivir este corto presente al maldito animal de vida y muerte que llevamos dentro.

Pisco del Gaiso

PS. Conoceréis la fotografía -premiada en 1993 por uno de esos jurados mansos y ecuánimes que comen sano- donde se ve a una hembra india de la tribu de los Guajas amamantando a una cría de jabalí. La estampa, sorprendente y entrañable por los mismos superficiales y pueriles argumentos occidentales -según el propio jurado ‘muestra la plástica traducción de la comunión de los indígenas con la naturaleza’-, sigue avivando las redes y otros fuegos acompañada de frases cargadas de positivismo existencial, buen rollo y mal gusto. Me pregunto cuántos de vosotros y de vosotras hubieseis exigido a la Junta de Andalucía la retirada inmediata de la custodia del niño, de haberse televisado cómo el jabalí, según el rito más canalla de todo el Amazonas, murió a manos de ‘su madre’ en público y a cuchillo en cuanto llegó el invierno.

Toros sí. Bases fuera.

 

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